Izquierda Unida está pasando por uno de sus peores momentos en Salamanca. A la crisis electoral que ha hecho de IU una fuerza política marginal en el ámbito municipal, inexistente a nivel provincial y autonómico, y testimonial en las elecciones generales, debe sumarse la ausencia de un proyecto político bien definido en el que se sustente, de manera coordinada, la actuación de Izquierda Unida en el día a día, en los diferentes niveles y ámbitos de actuación.
La crisis no puede en modo alguno calificarse como ideológica, puesto que nadie pone en duda la capacidad de esta organización para regenerar su discurso y realizar nuevas aportaciones políticas. En este mismo sentido, es necesario dejar claro que si bien puede haber diferencias políticas a la hora de priorizar algunos objetivos políticos, el nivel de entendimiento ideológico ha sido, en líneas generales, bastante aceptable.
En Salamanca, al contrario de lo que ha ocurrido en otras comunidades o municipios, no han surgido crisis por la postura adoptada por la organización respecto de temas concretos, tales como apoyar o no a un Alcalde en concreto, o salir de un gobierno del que formábamos parte. En Salamanca la crisis es más profunda y tiene que ver con el ámbito organizativo, con la práctica política, con la ausencia de una estrategia para devolver a IU el protagonismo que nunca debió perder y con el fracaso en construir un proyecto político integrado con otras fuerzas políticas de izquierdas con una presencia significativa en nuestra provincia.
Para resolver grandes problemas, hacen falta grandes soluciones, y éstas no suelen aparecer de la nada, ni en cortos periodos de tiempo. Sin embargo, cada vez que Izquierda Unida logre sintonizar de una parte, con los problemas de los ciudadanos, con sus preocupaciones, con sus demandas; y de otra, con el modelo de propuestas y de organización que los votantes de la izquierda esperan de nosotros, habremos avanzado un paso en la dirección adecuada.