Introducción
Miércoles 28 de febrero de 2007
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Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas
No se trata de responder, sino de ser capaces de preguntar. La izquierda es la conciencia activa de la sociedad, es aquella parte de la sociedad que sigue preguntándose por ese otro mundo posible.
Para lograr nuestros objetivos, es imprescindible bajar al ámbito del discurso, de los valores, incidir en la cultura política de la ciudadanía. Nuestros mensajes, claros y contundentes, no son apenas transmitidos por los medios de comunicación. Nos vemos por lo tanto, obligados a rentabilizar al máximo lo que decimos, cómo lo decimos y a quién se lo decimos.
Hay quienes han ganado la batalla del discurso: el Zapatismo, Portoalegre ¿por qué no nosotros, aquí y ahora?. Debemos de dejar de tener miedo a ser provocadores, innovadores, escandalosos en nuestro discurso. Recuperar la esperanza entre la ciudadanía y su ilusión, transformar la indignación y el descontento en una esperanza rebelde, lejos de discursos resistencialistas o desfasados.
En primer, desde los valores: IU tiene en su seno un amplio conjunto de valores compartidos, tales como la tolerancia, la solidaridad, la justicia social… que debemos ser capaces de transmitir a la ciudadanía en nuestras acciones y mensajes. Forman parte de nuestro acervo político y debemos sacar provecho de ello.
En segundo lugar, desde las ideas: profundizar en nuestras formulaciones teóricas y políticas, proporcionando marcos innovadores de intervención y actuación, articulados y sobre todo honestos. Utópicos pero no quiméricos, debemos ser capaces de recuperar un mensaje claro, ilusionante y centrado en nuestras prioridades: la justicia social, la democracia, las libertades y derechos fundamentales…
En tercer lugar, desde los medios: entre lo estrafalario y lo estandarizado hay un universo que se puede explorar. Las campañas no tienen por qué ser monótonas, sino que podemos recuperar la innovación para transmitir nuestros mensajes. Y ahí la red juega un papel importante aunque no exclusivo… pensemos sobre ello.
Una nueva práctica política
Renovar Izquierda Unida como sujeto político relevante significa construir nuestro proyecto desde el espacio político donde somos más poderosos y donde nuestra capacidad de intervención en la realidad es mayor: lo local.
Claro que gobernar para la ciudadanía no es sólo denunciar el Pacto de Estabilidad, la Ley de Partidos o el bombardeo de Afganistán. Se trata de poner en marcha políticas claramente alternativas y progresistas, bien desde la oposición, bien desde el gobierno.
Ser menos, y más débiles que el resto de fuerzas políticas nos obliga a trabajar más y mejor. El reto al que nos enfrentamos es de proporciones mayúsculas, pero hay claras probabilidades, si acertamos, de salir adelante. Se trata de hacer avanzar las causas en las que creemos.
Algunas pistas para avanzar en esta dirección podrían ser las siguientes:
Reconsiderar nuestras relaciones con los movimientos y organizaciones sociales, pero sin confundir ámbitos. IU trabaja desde lo político y desde lo político debe relacionarse con lo social, y no viceversa.
Negociar nuestra política de alianzas. Pero dejando claro que no se negocian cargos, se negocian políticas concretas.
Recuperar el atractivo como formación política. Si no lideramos políticamente, debemos volver a liderar éticamente: las formas, la pedagogía, el estilo, la honestidad son nuestros referentes…Tan importante como denunciar la corrupción es fomentar con nuestro discurso la cultura cívica.
Profundizar en la pedagogía política recuperando el papel de conciencia activa que sensibiliza pero activa a los ciudadanos sobre los problemas que queremos afrontar.
Estas afirmaciones suenan utópicas, es inevitable ahora mismo. Pero creemos que IU sigue siendo la alternativa necesaria. Hablar de ideas es hablar también de personas y colectivos que sustentas esas ideas. El diálogo y la escucha garantizan un buen diagnóstico de la realidad social, y este a su vez es un instrumento privilegiado para realizar propuestas adecuadas y realizables, sin que dejen de ser rebeldes, revolucionarias, reformistas… Vocación municipal
Hasta hace bien poco, la política municipal no tenía sino un marcado carácter subalterno de otros espacios políticos. Sin embargo, la ampliación de competencias, y la repolitización del ámbito local (su revalorización frente a, o como parte de, la globalización) sugieren nuevas formas de política local e incrementan el abanico de opciones políticas que un gobierno puede poner en marcha.
Una política municipal de izquierdas ya no es el privatizar o no los servicios de limpieza, sino ser capaces de generar nuevas redes participativas y de proximidad, la instauración de agendas 21 locales, de presupuestos participativos, de proyectos educativos de ciudad, la generación de dinámicas de desarrollo centrado en los propios recursos internos del municipio, la puesta en marcha de los decálogos para ciudades y pueblos sostenibles… en fin, un arsenal de prácticas políticas que YA se están desarrollando en muchos municipios y que se pueden sistematizar, evaluar, valorar y profundizar.
Consideramos que hoy por hoy no existe un modelo probado al que podemos considerar el “auténtico-socialismo-rechace-imitaciones”, sino segmentos, tramos de un programa político incompleto y dinámico. De lo que se trata es de implementar estos segmentos programáticos en aquellos espacios en los que sea posible hacerlo y proponerlos en aquellos donde estemos o vayamos a estar en la oposición.
Por otro lado, suponemos que implementar estos tramos del programa contribuye a generar las redes sociales, políticas, económicas y culturales.
La discusión de este programa trasciende la vocación y el objetivo de este documento. Baste con delimitar algunas de sus características. En este sentido, el proyecto local debe ser:
Sostenible, en la medida en que mejore las condiciones de vida de la población en relación a su entorno natural, minimizando los residuos generados y ajustándose a la capacidad de carga de medio ambiente en el que se desarrolla.
Democrático, incrementando las posibilidades de corresponsabilidad democrática de las organizaciones sociales y la ciudadanía no organizada, a través de la puesta en marcha de mecanismos de participación.
Centrado en las potencialidades propias, en la medida en que movilice los recursos económicos, sociales y culturales internos al municipio y disminuya la dependencia de inversiones externas en las políticas de empleo y desarrollo.
Educativo, de manera que se fomenten en las prácticas municipales los valores de la solidaridad, la tolerancia, el sentido crítico y las reglas elementales de convivencia cívica.
Igualitario e integrador, con una marcada vocación de acabar con las desigualdades y el incremento de las posibilidades, opciones y oportunidades para los barrios y sectores sociales que se encuentren en desventaja.
Flexible, en la medida en que permita una adaptación de las administraciones públicas locales a las nuevas necesidades y demandas de la población, y sea capaz de generar las alianzas y acuerdos necesarios para su puesta en marcha, tanto dentro del municipio como hacia fuera: Comunidad Autónoma, Gobierno Central y Unión Europea.
La lista podría continuar, seguramente hasta el infinito. Instrumentos existen y se pueden implementar, por supuesto, no sin un trabajo político considerable y siempre contando con la complicidad de los sectores más dinámicos de la población. No se trata de construir el paraíso local, sino de hacer que los espacios políticos y sociales se acerquen progresivamente a otro modelo de relacionarse en lo social, lo político, lo económico, lo cultural y lo ambiental.
Un programa político que incorpore elementos transformadores es, por consiguiente imprescindible. Ya ha pasado el tiempo en el que los espacios locales estaban a merced de las propuestas que venían desde lo estatal y lo europeo: dentro del propio marco de opciones que deja la actual política europea, es posible y necesario la construcción de una red de espacios locales desde donde articular una nueva política transformadora, desde donde comenzar a fraguar un nuevo proyecto histórico… o al menos comenzar a diseñar sus pistas de actuación.
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